Un día en el Estadio Nacional
Tarde de
partido
El fútbol
es el deporte que más adeptos reúne en Chile y cuyos eventos presentan los
mayores índices de concurrencia, pero para los vecinos de los estadios estos
encuentros conllevan muchas veces en cambios de rutina y medidas preventivas
para resguardar sus hogares de cualquier suceso desafortunado.
16 horas, parece ser una típica jornada de miércoles por la tarde
en la que la parsimonia es tan poderosa que llega a ser somnífera para los
transeúntes que recorren las inmediaciones del Estadio Nacional por la avenida
Grecia. Por supuesto, el calor también hace lo suyo, sofocando aún más
cualquier intención de hacer algo que no sea dormir una buena siesta para
capear las altas temperaturas. Pero hoy no es un miércoles común y corriente;
es tarde de partido, y por lo tanto los vecinos del “Nacional” ya están tomando
las medidas necesarias para recibir, nuevamente, al deporte rey y a las
hinchadas en su, hasta ahora, tranquilo barrio.No es que sea esta una situación
demasiada especial ni menos desconocida para la comunidad, pero también saben y
pregonan entre ellos que nunca se puede estar lo suficientemente asegurado para
prevenir cualquier episodio desafortunado que pudiera ser ocasionado por el
fragor y la pasión del hincha antes, durante y después del evento.
17:30 horas, una nueva jornada de trabajo está llegando a su feliz
final, el calor ya está empezando a apiadarse del asfalto seco que cubre el
camino de la avenida Grecia y, de a poco, el vacío parsimonioso de las calles
ñuñoínas está siendo llenado por oficinistas, empleados, obreros y los primeros
fanáticos que empiezan a llegar al coliseo deportivo más importante del país.
Los que reciben a los hinchas no son solamente los vecinos, sino también los
Carabineros de Chile ya tienen alistado su pequeño ejército que estará
encargado esta tarde de resguardar la seguridad y el orden público durante el
encuentro. Decenas de oficiales, carros lanza-aguas, unidades motorizadas y de
caballería inundan las calles bajo olas de uniformes verdes que, sin embargo,
se vuelven más tenues entre la multitud, a medida que comienzan a llegar las
centenares de camisetas blancas y auriazules con las que visten,
respectivamente, los devotos de Colo-Colo y los peregrinos del Everton de Viña
del Mar que animarán el duelo a disputarse en no más de dos horas.
La avenida Grecia, además de ser un lugar sumamente poblado por
domicilios de todo tipo, también una zona propicia para el comercio de carácter
masivo y local. Un ejemplo de esto último es la panadería de la señora Lucía,
ubicada al frente de los estacionamientos del recinto deportivo. Lucía
acostumbra cerrar su local un poquito antes de su término laboral habitual
cuando son partidos o conciertos en el coliseo deja instalados múltiples
medidas de seguridad para evitar cualquier desgracia. Hoy, también es así.
Lucía, orgullosa por lo realizado en una nueva jornada de trabajo, baja las
cortinas metálicas de su negocio y afirma entre risas: Lo que hace uno por la pega, aaah. Ahora a esperar que diosito siga
protegiendo el pancito no más, jejeje. Luchito, cuyo padre posee un pequeño
kiosco en la intersección de Grecia con avenida Pedro de Valdivia, también ya
está realizando los últimos preparativos para cerrar el local que su papá no
atiende los días de partido: A mi viejo
no le gusta el fútbol, poh. Ni a mí tampoco, pero el caballero está mayor ya
poh, entonces alguien tiene que hacerse cargo de toda la chuchería, ¿no?
Ellos ya son parte del barrio y no les parece importar que para estas ocasiones
siempre aparezcan los “oportunista” que vienen a vender los clásicos sánguches
de potito, anticuchos, etc., etc. Al fin
y al cabo, compadre, ellos también vienen a hacer su pega no más para ganarse
el pan de cada día, y si les gusta estar entre medio de la gente y el ruido,
bueno, cosa de ellos poh, pero tienen todo el derecho. Palabras de Luchito
que denotan comprensión y empatía y que emite antes de perderse entre la
multitud de fanáticos para emprender el regreso a casa.
19:50 horas, el mar humano ya parece haber alcanzado su clímax de
densidad y se hace cada vez más difícil moverse entre la multitud para
encontrar a algún vecino apartado de toda la parafernalia futbolera. Sin
embargo, sólo algunos encontrones aislados entre Carabineros e hinchas
disturben lo que en general fue una agradable jornada que, a pesar de haber
estado marcada por el evento masivo, resultó ser bastante tranquila. 20:30
horas, la noche definitivamente cayó sobre el coliseo deportivo y sus
alrededores, hay poca gente en la calle y sólo se pueden observar los últimos
fanáticos llegando al estadio que, o salieron más tarde del trabajo, o
simplemente se atrasaron en el camino. La mayoría de los vecinos también ya se
encuentran dentro de sus hogares para presenciar lo menos posible la salida de
los fanáticos del recinto, una vez concluido el partido. Sólo una señora se
asoma constantemente a las rejas de su casa para observar lo que sucede a sus
alrededores. ¿Le pasó algo, señora? La
pregunta. No, mi hijito, sólo espero a mi
hija que había quedado en llegar a esta hora y me dijo que andaba cerca, no se
preocupe. Responde con un tono muy maternal la residente al volver a entrar
a su casa, probablemente escuchó el teléfono.
El partido ya debe estar entrando en el segundo tiempo, cánticos,
gritos y felicidad rebosan desde las entrañas del coliseo al pasar por fuera.
Es casi imposible no contagiarse por la alegría de una jornada, que a pesar de
lo masivo e intranquilo, siempre resulta ser muy segura gracias a la
cooperación de todos los actores involucrados: vecinos, carabineros, guardias y
también los hinchas. Porque el fútbol ya es parte de este barrio y sus
habitantes ya hicieron de la parafernalia una costumbre con la cual deben saber
convivir. Una costumbre que para algunos quizá resulte molesta, pero que para
muchos es la única manera de escaparse de la rutina diaria durante por lo menos
90 minutos que los vuelven a llenar de vida.
Anexo:
Entrevista
a Macarena Olivares, miembro de la Unidad 15 de la Junta de Vecinos Ñuñoa
-Señora
Macarena, cuénteme ¿qué significa para su comunidad el Estadio Nacional?
“Para nosotros el estadio significa muchas cosas: por supuesto
sabemos que es un patrimonio histórico del deporte nacional, quizá el más
importante del país, pero también sentimos que algunas veces las autoridades no
toman en cuenta la calidad de vida de los vecinos en la toma de decisiones que
remite al estadio y los alrededores de este, específicamente, nuestro
vecindario. (…) Nosotros también hemos sido defensores de seguir
conservando el memorial del estadio, porque creemos que representa una parte importante de nuestra historia. Por último, yo
creo que es muy necesario mencionar que el estadio es parte de nuestra
comunidad y la vida de barrio, ya que la presencia de un monumento tan
trascendente influye en nuestras rutinas diarias y cuando hay
eventos, las velatones, los conciertos, los partidos”.
-En ese
sentido ¿cómo enfrentan estos eventos masivos?
“Bueno, te mentiría si te dijera que un concierto o un partido de
alto riesgo no tuviera un impacto en nuestra vida diaria como vecinos, porque
sí lo tiene, jejeje. Pero en fin, yo creo que uno se va acostumbrando a que
llegue gente de todos los sectores de la ciudad y, sobre todo, de todos los
estratos sociales, lo cual tampoco es malo, sino que implica el
hecho que haya que tomar algunas medidas extras para evitar cualquier
conflicto, además la seguridad siempre actúa de buena manera y los miembros de
nuestra junta de vecinos ya sabemos bien cómo hay que actuar en casos de eventos ya más complicados”.
-Justamente
a eso quería llegar ¿cómo evalúa usted las medidas de seguridad durante los
eventos?
“En general es muy buena, sobre todo cuando se trata de partidos
de fútbol o eventos estatales donde el Gobierno es el encargado de la seguridad, esta deja muy poco de desear. Sin
embargo, te tengo que decir que cuando hay conciertos en el estadio o eventos
de carácter privado, la situación cambia y mucho, ya que llega mucha
más gente que en partidos y los organizadores utilizan normalmente muy pocos
guardias de seguridad, dándole mayor posibilidad de robar a personas que muchas
veces no tienen nada que ver con el espectáculo y sólo vienen a aprovecharse de
la situación para robar. (…) Repito, no es común que roben tanto acá, pero sí
ha pasado que algunos vecinos se sienten pasados a llevar por las conductas
desenfrenadas de los asistentes a conciertos”.
-¿Qué cree
que se podría mejorar o agregar?
“Simplemente que para conciertos u otros eventos privados, los
organizadores se encarguen de contar con mayor cantidad de operativos de
seguridad”.
-Por
último ¿cuál es su sensación con respecto al trabajo de la junta de vecinos
para mejorar la calidad de vida de la comunidad?
Yo creo que hemos hecho las cosas bien, desde el 2014 que soy
miembro de la junta y tengo que decir que ha sido un trabajo constante, con
ayuda del municipio y de la misma administración del Estadio Nacional. Creo que
hemos sido muy influyentes en las decisiones que competen al estadio, claro que nos gustaría siempre tener un poco más de peso, pero en lo que hemos
podido, considero que lo hemos hecho muy bien. (…) Es una comunidad estable,
organizada y sobre todo muy fraterna, bueno, y esto ayuda a la buena convivencia y al
trabajo en equipo.
Por Julián Barrera del Río
Por Julián Barrera del Río
No hay comentarios.:
Publicar un comentario