jueves, 5 de enero de 2017

Un día en el Estadio Nacional

Tarde de partido

El fútbol es el deporte que más adeptos reúne en Chile y cuyos eventos presentan los mayores índices de concurrencia, pero para los vecinos de los estadios estos encuentros conllevan muchas veces en cambios de rutina y medidas preventivas para resguardar sus hogares de cualquier suceso desafortunado.

16 horas, parece ser una típica jornada de miércoles por la tarde en la que la parsimonia es tan poderosa que llega a ser somnífera para los transeúntes que recorren las inmediaciones del Estadio Nacional por la avenida Grecia. Por supuesto, el calor también hace lo suyo, sofocando aún más cualquier intención de hacer algo que no sea dormir una buena siesta para capear las altas temperaturas. Pero hoy no es un miércoles común y corriente; es tarde de partido, y por lo tanto los vecinos del “Nacional” ya están tomando las medidas necesarias para recibir, nuevamente, al deporte rey y a las hinchadas en su, hasta ahora, tranquilo barrio.No es que sea esta una situación demasiada especial ni menos desconocida para la comunidad, pero también saben y pregonan entre ellos que nunca se puede estar lo suficientemente asegurado para prevenir cualquier episodio desafortunado que pudiera ser ocasionado por el fragor y la pasión del hincha antes, durante y después del evento.

17:30 horas, una nueva jornada de trabajo está llegando a su feliz final, el calor ya está empezando a apiadarse del asfalto seco que cubre el camino de la avenida Grecia y, de a poco, el vacío parsimonioso de las calles ñuñoínas está siendo llenado por oficinistas, empleados, obreros y los primeros fanáticos que empiezan a llegar al coliseo deportivo más importante del país. Los que reciben a los hinchas no son solamente los vecinos, sino también los Carabineros de Chile ya tienen alistado su pequeño ejército que estará encargado esta tarde de resguardar la seguridad y el orden público durante el encuentro. Decenas de oficiales, carros lanza-aguas, unidades motorizadas y de caballería inundan las calles bajo olas de uniformes verdes que, sin embargo, se vuelven más tenues entre la multitud, a medida que comienzan a llegar las centenares de camisetas blancas y auriazules con las que visten, respectivamente, los devotos de Colo-Colo y los peregrinos del Everton de Viña del Mar que animarán el duelo a disputarse en no más de dos horas.

La avenida Grecia, además de ser un lugar sumamente poblado por domicilios de todo tipo, también una zona propicia para el comercio de carácter masivo y local. Un ejemplo de esto último es la panadería de la señora Lucía, ubicada al frente de los estacionamientos del recinto deportivo. Lucía acostumbra cerrar su local un poquito antes de su término laboral habitual cuando son partidos o conciertos en el coliseo deja instalados múltiples medidas de seguridad para evitar cualquier desgracia. Hoy, también es así. Lucía, orgullosa por lo realizado en una nueva jornada de trabajo, baja las cortinas metálicas de su negocio y afirma entre risas: Lo que hace uno por la pega, aaah. Ahora a esperar que diosito siga protegiendo el pancito no más, jejeje. Luchito, cuyo padre posee un pequeño kiosco en la intersección de Grecia con avenida Pedro de Valdivia, también ya está realizando los últimos preparativos para cerrar el local que su papá no atiende los días de partido: A mi viejo no le gusta el fútbol, poh. Ni a mí tampoco, pero el caballero está mayor ya poh, entonces alguien tiene que hacerse cargo de toda la chuchería, ¿no? Ellos ya son parte del barrio y no les parece importar que para estas ocasiones siempre aparezcan los “oportunista” que vienen a vender los clásicos sánguches de potito, anticuchos, etc., etc. Al fin y al cabo, compadre, ellos también vienen a hacer su pega no más para ganarse el pan de cada día, y si les gusta estar entre medio de la gente y el ruido, bueno, cosa de ellos poh, pero tienen todo el derecho. Palabras de Luchito que denotan comprensión y empatía y que emite antes de perderse entre la multitud de fanáticos para emprender el regreso a casa.

19:50 horas, el mar humano ya parece haber alcanzado su clímax de densidad y se hace cada vez más difícil moverse entre la multitud para encontrar a algún vecino apartado de toda la parafernalia futbolera. Sin embargo, sólo algunos encontrones aislados entre Carabineros e hinchas disturben lo que en general fue una agradable jornada que, a pesar de haber estado marcada por el evento masivo, resultó ser bastante tranquila. 20:30 horas, la noche definitivamente cayó sobre el coliseo deportivo y sus alrededores, hay poca gente en la calle y sólo se pueden observar los últimos fanáticos llegando al estadio que, o salieron más tarde del trabajo, o simplemente se atrasaron en el camino. La mayoría de los vecinos también ya se encuentran dentro de sus hogares para presenciar lo menos posible la salida de los fanáticos del recinto, una vez concluido el partido. Sólo una señora se asoma constantemente a las rejas de su casa para observar lo que sucede a sus alrededores. ¿Le pasó algo, señora? La pregunta. No, mi hijito, sólo espero a mi hija que había quedado en llegar a esta hora y me dijo que andaba cerca, no se preocupe. Responde con un tono muy maternal la residente al volver a entrar a su casa, probablemente escuchó el teléfono.

El partido ya debe estar entrando en el segundo tiempo, cánticos, gritos y felicidad rebosan desde las entrañas del coliseo al pasar por fuera. Es casi imposible no contagiarse por la alegría de una jornada, que a pesar de lo masivo e intranquilo, siempre resulta ser muy segura gracias a la cooperación de todos los actores involucrados: vecinos, carabineros, guardias y también los hinchas. Porque el fútbol ya es parte de este barrio y sus habitantes ya hicieron de la parafernalia una costumbre con la cual deben saber convivir. Una costumbre que para algunos quizá resulte molesta, pero que para muchos es la única manera de escaparse de la rutina diaria durante por lo menos 90 minutos que los vuelven a llenar de vida.






Anexo:

Entrevista a Macarena Olivares, miembro de la Unidad 15 de la Junta de Vecinos Ñuñoa

-Señora Macarena, cuénteme ¿qué significa para su comunidad el Estadio Nacional?
“Para nosotros el estadio significa muchas cosas: por supuesto sabemos que es un patrimonio histórico del deporte nacional, quizá el más importante del país, pero también sentimos que algunas veces las autoridades no toman en cuenta la calidad de vida de los vecinos en la toma de decisiones que remite al estadio y los alrededores de este, específicamente, nuestro vecindario. (…) Nosotros también hemos sido defensores de seguir conservando el memorial del estadio, porque creemos que representa una parte importante de nuestra historia. Por último, yo creo que es muy necesario mencionar que el estadio es parte de nuestra comunidad y la vida de barrio, ya que la presencia de un monumento tan trascendente influye en nuestras rutinas diarias y cuando hay eventos, las velatones, los conciertos, los partidos”.

-En ese sentido ¿cómo enfrentan estos eventos masivos?
“Bueno, te mentiría si te dijera que un concierto o un partido de alto riesgo no tuviera un impacto en nuestra vida diaria como vecinos, porque sí lo tiene, jejeje. Pero en fin, yo creo que uno se va acostumbrando a que llegue gente de todos los sectores de la ciudad y, sobre todo, de todos los estratos sociales, lo cual tampoco es malo, sino que implica el hecho que haya que tomar algunas medidas extras para evitar cualquier conflicto, además la seguridad siempre actúa de buena manera y los miembros de nuestra junta de vecinos ya sabemos bien cómo hay que actuar en casos de eventos ya más complicados”.

-Justamente a eso quería llegar ¿cómo evalúa usted las medidas de seguridad durante los eventos?
“En general es muy buena, sobre todo cuando se trata de partidos de fútbol o eventos estatales donde el Gobierno es el encargado de la seguridad, esta deja muy poco de desear. Sin embargo, te tengo que decir que cuando hay conciertos en el estadio o eventos de carácter privado, la situación cambia y mucho, ya que llega mucha más gente que en partidos y los organizadores utilizan normalmente muy pocos guardias de seguridad, dándole mayor posibilidad de robar a personas que muchas veces no tienen nada que ver con el espectáculo y sólo vienen a aprovecharse de la situación para robar. (…) Repito, no es común que roben tanto acá, pero sí ha pasado que algunos vecinos se sienten pasados a llevar por las conductas desenfrenadas de los asistentes a conciertos”.

-¿Qué cree que se podría mejorar o agregar?
“Simplemente que para conciertos u otros eventos privados, los organizadores se encarguen de contar con mayor cantidad de operativos de seguridad”.

-Por último ¿cuál es su sensación con respecto al trabajo de la junta de vecinos para mejorar la calidad de vida de la comunidad?

Yo creo que hemos hecho las cosas bien, desde el 2014 que soy miembro de la junta y tengo que decir que ha sido un trabajo constante, con ayuda del municipio y de la misma administración del Estadio Nacional. Creo que hemos sido muy influyentes en las decisiones que competen al estadio, claro que nos gustaría siempre tener un poco más de peso, pero en lo que hemos podido, considero que lo hemos hecho muy bien. (…) Es una comunidad estable, organizada y sobre todo muy fraterna, bueno, y esto ayuda a la buena convivencia y al trabajo en equipo.  

Por Julián Barrera del Río

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